La Nueva Vida en Cristo
"Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra
guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos
morada con él. (Juan 14.23).
Esta lista es un resumen de los puntos claves de este
capítulo. Los versículos bíblicos se incluyen para su
estudio y referencia. Luego, más allá en el capítulo
encontrará una discusión más amplia de cada punto de la
lista.
1. Sea bautizado. Hechos 2:41; 10:47-48; 16:31-33.
2. Confiese a Cristo delante de otros. Lucas 12.8-9; Romanos
10.9-10.
3. Asiste fielmente a los cultos de su iglesia. Hebreos
10.23; 1 Juan 3.14.
4 .Lea la Biblia diariamente. Estúdiela, y aprenda de
memoria versículos importantes. Josué 1.8; Salmo 1.2; 119.1;
Colosenses 3.16-17; 2 Timoteo 2.15; 1 Pedro 2.2. Sería bueno
que lea primero el libro de Juan, después a 1 de Juan, luego
al Nuevo Testamento completo y por último el Antiguo
Testamento.
5. Ore diariamente... a hora fija y a cualquier hora.
Jeremías 33.3; Mateo 18.19; 21.22; Romanos 8.32; 1
Tesalonicenses 5.17; 1 Juan 5.14-15.
6. Confiese su pecado al instante, honradamente y evítelo.
Proverbios 28.13; 1 Juan 1.9.
7. Comparta el mensaje de Cristo... Testifique... Gane a los
perdidos. Salmo 126.6; Proverbios 11.30; Lucas 5.10; 19.10;
Juan 20.21; Hechos 1.8.
8. Deje que Jesús viva Su vida en ti. 1 Corintios 15.17;
Gálatas 2.20; 5.16; Colosenses 3.1-4. Viva por fe, no por
emociones.
Acerca de la decisión que ha hecho
Una decisión definitiva para Cristo es necesaria e
importante. La vida o la muerte, el Cielo o el Infierno,
dependen de esta decisión. Por eso es que damos importancia
a la necesidad de cristalizar su fe en un acto concreto de
aceptar a Cristo. La Biblia nos exhorta a llamar, a recibir,
a nacer de nuevo, a abrir la puerta.
Pablo dijo que Agripa creyó a los profetas pero que no era
cristiano; no recibió personalmente al Cristo resucitado.
Dios dice que los demonios creen y tiemblan pero que están
condenado al infierno por la eternidad. Luego es obvio que
hay la posibilidad de creer sin fe en Cristo, de creer sin
recibirlo como Salvador y Señor, incondicionalmente.
Un joven puede amar a una señorita y ella puede corresponder
a ese amor; sin embargo se mantienen separados en profunda
frustración y tristeza hasta la muerte. No pertenecen el uno
al otro hasta que en el acto sencillo de matrimonio cada uno
consiente en recibir al otro y dejar toda tercera persona.
Así es con Cristo. Una persona puede profesar creer en Él,
amarlo, y sin embargo nunca haberlo recibido. Invóquelo,
abra la puerta de su corazón a Él para la salvación. La fe
que salva requiere el acto de llamar a Cristo y recibirlo y
así nacer en la familia de Dios. Entonces somos nuevas
criaturas con nuevos deseos, nuevo poder y nueva vida (2
Corintios 5.17)
Aunque nos convencemos que le amamos y creemos en Él,
tenemos que llegar a un punto decisivo en que le llamamos,
le recibimos, abrimos la puerta para Él, le invitamos a
entrar en un acto de fe como dice la Biblia. "...todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Romanos
10.13). ¿Ya ha decidido invocar Su nombre?
Si ya pidió a Jesús con fe que le salve, ¡bienvenido a la
familia de Dios! ¡Felicitaciones! ¡Ha llegado a ser un hijo
de Dios! ¡Ha nacido de nuevo, nacido de arriba, nacido del
Espíritu de Dios entrando en la familia eterna de Dios!
Usted es una nueva creación en Cristo. Sus pecados han sido
lavados en Su sangre derramada. ¡Usted tiene un futuro nuevo,
una familia nueva y un Padre nuevo! Acabamos de mostrarle de
la Palabra de Dios como ser salvo y saberlo con seguridad de
Romanos 10.13. Compruebe también Juan 3.36 y 1 Juan 5.13 (sería
bueno aprender estos versículos de memoria). Puede
regocijarse con todo el corazón que Jesús es suyo y usted es
de Él para siempre, que el Cielo y no el Infierno es su
hogar eterno, y que Él estará con usted en una manera nueva
y vital ahora y para siempre. ¡La salvación es instantánea,
los resultados duran para siempre! Dios dice que usted ya es
"una nueva criatura en Cristo," (2 Corintios 5.17). ¡Qué
maravilloso! ¡Qué emocionante!
Ahora déjeme compartir con usted como empezar y continuar su
nueva vida de amor, obediencia y crecimiento en Cristo. Como
un verdadero hijo de Dios, sé que usted estará listo a
obedecer al Señor Jesucristo, tal como indica la Palabra de
Dios en Juan 14.23. "Respondió Jesús y le dijo: El que me
ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a
él, y haremos morada con él."
1. Ser bautizado
Las aguas del bautismo no pueden lavar el pecado. La sangre
derramada del Señor Jesucristo lavó su pecado en el momento
que puso su confianza en Él. Pero Dios manda que nos
bauticemos después de convertirnos. Unos 3,000 convertidos
fueron bautizados en el día de su conversión (Hechos 2.41).
El carcelero de Filipos fue bautizado en la mismo noche en
que creyó y fue salvo (Hechos 16.31-33). Así que, nosotros
debemos ser bautizados tan pronto como sea posible después
de ser salvos. El bautismo es cuadro exterior de una
limpieza interior. Por esto, la persona que acepta a Cristo
debe ser bautizado después de su conversión. Antes de la
conversión sería solamente sumersión en el agua sin
significado simbólico ni espiritual. El bautismo testifica
delante de otros de lo que Cristo ha hecho dentro del
creyente. Aun más importante, bíblicamente, describe nuestra
muerte con Jesús a la vida antigua, nos identifica con Su
muerte para nosotros, y Su sepultura al bajar a las aguas
del bautismo, y con Su vida resucitada al salir del agua de
bautismo como Él se levantó de la tumba. Estamos así
públicamente declarando nuestra identificación con el Señor
Jesucristo, nuestra muerte a la vida antigua, y nuestra
nueva vida en Él. El orden está clara en Hechos 10.47:
primero la salvación, después el bautismo (Romanos 6.1-4).
El bautismo completa el cuadro de la muerte, sepultura y
resurrección que la Biblia presenta como un cuadro de
nuestra identificación con Cristo.
Explicado de otra manera, cuando nosotros hemos aceptado la
salvación que Cristo ofrece, Dios considera que hemos muerto
con Cristo en Su muerte, fuimos sepultados con Él, y nos
levantamos con Él a una vida nueva. ¡Este es el cuadro del
bautismo! ¡Hermoso! Sea bautizado, no para salvarse, sino
porque ya es salvo y ahora desea amarle y obedecer a Cristo
en todo.
2. Confesar a Cristo delante de los hombres.
"Os digo que todo aquel que me confesare delante de los
hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de
los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los
hombres, será negado delante de los ángeles de Dios."
(Lucas 12.8,9).
La confesión de fe en Cristo abierta y públicamente es la
evidencia bíblica y la confirmación de la salvación. Es por
eso que muchas de nuestras iglesias dan una invitación
pública para que delante de una congregación amante,
amigable que está orando para que Dios obre este milagro, el
nuevo creyente pueda identificarse con Cristo. Dios nos
mandó confesar a Cristo delante de los hombres. Si los
primeros discípulos en Jerusalén hubieran declarado que la
salvación era una cosa privada únicamente entre ellos y Dios,
y hubieran rehusado confesar su relación con Dios delante de
otros personas (algunas de ellas hostiles), el evangelio
nunca habría salido de Jerusalén. Así que, confiese a Cristo
delante de otros en la iglesia como un buen principio para
después testificar a donde Dios le guíe. Esto fortalecerá a
su fe tremendamente.
3. Asistir a la iglesia con fidelidad.
"No dejando de reunirnos, como algunos tienen por
costumbre, sino exhortándonos; y tanto más cuanto veis que
aquel día se acerca." (Hebreos 10.25).
Aquí Dios está diciendo que no debemos de dejar de asistir a
la iglesia. En el Nuevo Testamento no encontramos nada que
autoriza al cristiano a vivir en aislamiento de la iglesia
local. Al aceptar a Cristo como nuestro Salvador
inmediatamente llegamos a ser parte del cuerpo de Cristo.
Asistimos a la iglesia para dar y recibir. Dios nos dio
hombres piadosos con dones especiales para servir a la
iglesia, pastores para velar por nosotros y alimentarnos
espiritualmente y también diáconos. Él creó la iglesia
cuidadosamente y dio ordenanzas especiales a la iglesia – el
bautismo y la cena del Señor. Él ni pensaría en dejar Su
iglesia para reunirse con algún creyente desobediente que ha
abandonado a la iglesia. Con toda franqueza, despreciar la
iglesia local es despreciar al Señor de la iglesia local, si
uno se da cuenta o no. La Biblia dice que Cristo es la
cabeza de la iglesia, y que la iglesia es Su cuerpo. Tal
como sería ridículo casarse con la cabeza de una persona y
no tener nada que ver con su cuerpo así sería ridículo
unirse a Cristo por medio de la conversión y no tener nada
que ver con Su cuerpo, la iglesia. Es verdad que a veces hay
hipócritas en la iglesia, pero eso demuestra que la Biblia
dice la verdad porque Cristo predijo esto en Su parábola del
trigo y la cizaña. Él arreglará tales situaciones en Su
tiempo.
¡Lo maravilloso es que usted ya es parte de la familia de
Dios, compuesta de hermanos y hermanas con quienes va a
pasar la eternidad! ¡Es ocasión para compartir sus
bendiciones y sus cargas, siendo disciplinado para ser más y
más semejante a Jesucristo, para Su gloria!
De manera que, ¡asista fielmente a su iglesia! Su unión con
los hermanos en la fe es una demostración que usted es
salvo. "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida,
en que amamos a los hermanos." (1 Juan 3.14). Si amamos a
Jesús y a nuestros hermanos estaremos encantados de estar
con ellos en los cultos de la iglesia.
Pero, asegura que la iglesia a que decide asistir acepta la
Biblia, y únicamente la Biblia, como la Palabra inspirada,
infalible de Dios, cuyo mensaje es que la sangre de
Jesucristo nos limpia de pecado y que la salvación es
únicamente por fe en Él.
4. Leer la Biblia diariamente
"Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual
no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación."
(1 Pedro 2.2)
Como el alimento nos nutre físicamente, así la Palabra de
Dios es nuestro alimento espiritual. Pida a Dios ayudarles a
comprender cada vez que la lea, y lo hará. Comienza con el
evangelio de Juan, seguido por 1 Juan, luego lea todo el
Nuevo Testamento y después el Antiguo Testamento. La Palabra
de Dios nos da crecimiento, fuerza y ayuda para evitar el
pecado. (Salmo 119.11), ilumina nuestro camino con Dios,
trae paz, conocimiento y sabiduría, aumenta nuestro gozo, y
disminuye el peligro de tropezar en nuestro comportamiento
diario. (Josué 1.8; Salmo 1.2; Colosenses 3.16.17). Si fuera
posible, es mejor leer la Biblia y orar temprano por la
mañana antes de enfrentarse con el día, tal como es mejor
afinar los instrumentos antes de tocarlos en la orquesta.
También es bueno leerla a otras horas, es decir, no tenemos
por qué limitarnos en su lectura. Alguien ha dicho: "Este
Libro le alejará del pecado, o el pecado le alejará de este
Libro." ¡Aprenda de memoria los versículos importantes! (2
Timoteo 2.15).
5. Orar diariamente... ¡y con frecuencia!
"Orad sin cesar" (1 Tesalonicenses 5.17)
Usted ya tiene una línea directa al Cielo por medio del
Señor Jesucristo. Dios promete contestar la oración (Jeremías
33.3; Mateo 18.19; 21.22; 1 Juan 5.14-15). Cuando lee la
Biblia Dios le habla, cuando ora usted habla con Dios. Alabe
a Dios, adórelo, agradézcalo, y pídale que vele por sus
necesidades diariamente. ¡Con fe! Es muy importante que diga
al Señor Jesucristo todos los días, preferiblemente en voz
alta, que le ama y que está agradecido por Su muerte en la
cruz para usted y por darle la vida eterna. Le asombrará
como esta costumbre le hará sentir amado, protegido y en
comunión constante con el Señor. Con nuestra mano en la mano
de Él será posible tener victoria en cualquier prueba.
El conjunto de la oración y el estudio bíblico forman la
esencia de nuestra comunicación con Jesús. Expresemos
nuestro amor a Dios por medio del tiempo que le dediquemos
en oración y estudio de la Biblia. Los que dicen que no
tienen tiempo para orar y estudiar la Biblia están diciendo
que no tienen tiempo para el Señor. ¿Serán creyentes
verdaderos? Una persona que dice que no tiene tiempo para el
estudio de la Biblia, y la oración sería como un pájaro que
declara que no tiene tiempo para volar o un pez que reclama
que no tiene tiempo para nadar. El pájaro fue creado para
volar y el pez fue creado para nadar. Y el creyente recibió
la nueva vida para amar a Dios, llegar a conocerle bien y
servirle. El descuido de las prácticas básicas de la vida
cristiana llevará a la flaqueza espiritual, derrotas y
tristeza en vez de triunfos y gozo. Por medio de la oración
y el estudio bíblico Dios nos transmite su amor y poder y
nosotros crecemos y maduramos como cristianos establecidos
en la doctrina, práctica y semejanza de Cristo. ¡El fruto
del Espíritu – amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre y templanza – fluirá hacia nosotros
desde la Gloria y atraerá a otros hacia Él! (Gálatas
5.22,23). Además, ¡qué maravilloso es ver al Dios del
universo contestar nuestras oraciones!
Probablemente es verdad que ningún cristiano es más fuerte,
mejor o más grande que su vida de oración. Dudo que algo
realmente importante se ha logrado sin oración. Aun las
oraciones balbucientes de un nuevo creyente son preciosas a
Dios (como el primer llanto del bebé es precioso para su
madre). Si no lo ha hecho todavía, inicie ahora la costumbre
de orar y leer la Biblia. Tal vez el premio mayor que recibe
el creyente al enfocarse en Cristo por medio de la oración y
el estudio bíblico es ser transformado a Su imagen (2
Corintios 3.18). Una planta débil contempla el sol y es
transformada por fotosíntesis, así que vamos a contemplar a
Jesús en oración y el estudio de la Biblia y seremos
transformados a Su semejanza por ‘Cristosíntesis’. ¡Cristo
mora en usted y intercede por usted! Ore en confianza y
sinceridad en Su nombre.
6. Confesar el pecado al instante, honradamente, y
evitarlo.
"El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los
confiesa y se aparta alcanzará misericordia." (Proverbios
28.13)
Los cristianos pueden pecar. Aunque tenemos una naturaleza
nueva, todavía tenemos la antigua naturaleza pecaminosa,
pero Dios ha hecho provisión para este problema en Cristo. "Si
confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para
perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1
Juan 1.9) La confesión instantánea del pensamiento, antes de
cometer el pecado, evita mucha tristeza y angustia. Sea el
mero pensamiento, o sea el hecho cometido, nuestro pecado
debe ser confesado delante de Dios para recibir el perdón
inmediato y evitar la interrupción de la comunión. Dios nos
dará la fuerza para alejarse de lo que causó nuestro
tropiezo. Recuerde, un creyente puede pecar, pero un
verdadero creyente no puede vivir en pecado. Veamos por qué.
Primero, cuando vinimos a Cristo nos arrepentimos de
nuestros pecados pasados (cambiamos nuestra actitud hacia el
pecado, el ‘yo’ y el Salvador) haciendo que el ego y el
pecado no sean más los señores de nuestra vida. "Si
confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en
tu corazón que Dios le levantó de los muertos, será salvo."
(Romanos 10.9).
En segundo lugar, aunque alguna vez el pecado nos
toma de sorpresa, 1 Juan 3.9 nos dice: "Todo aquel que es
nacido de Dios, no practica el pecado,..." Para aclarar el
concepto, un cerdo y una oveja podrían ser lavado, perfumado,
adornado, acariciado y mantenido dentro de la casa. Pero si
alguien deje abierto la puerta, el cerdo saldría a buscar un
charco para revolcarse feliz en ello. Así es la naturaleza
del cerdo. Una oveja podría caer en el charco (he visto
algunas ovejas bastante sucias) pero saldría saltando. No es
la naturaleza de una oveja revolcarse feliz en un charco.
Así es con el cristiano verdadero. Nunca más puede
revolcarse feliz en el pecado, huirá de la tentación y
evitará el pecado, aunque todavía puede caer en el pecado.
En tercer lugar, nos dice: "No améis al mundo, ni las
cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor
del Padre no está en él." (1 Juan 2.15). Jesús nos libró del
pecado y del mundo. La Biblia dice que hemos pasado de la
muerte a la vida. El pecado y el mundo son parte de la
muerte. Sin embargo, cuando pequemos, la solución es la
confesión inmediata que será seguida por el perdón también
inmediato. No se puede perder la condición de ser hijos de
Dios. Empero, sí, se puede perder la comunión con Dios. El
pecado interrumpe la comunión entre nosotros y Dios. La
confesión inmediata de nuestro pecado restaura nuestra
comunión con Dios. (1 Corintios 10.13).
7. Compartir el mensaje de Cristo... Testificar... ganar
a los perdidos.
"Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda
Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." (Hechos
1.8)
Mateo 4.19 nos dice: "Y les dijo: Venid en pos de mí, y os
haré pescadores de hombres." (Hay una inconsistencia
fundamental en llamarse seguidor de Cristo y no compartir su
fe con los demás.) Hemos sido salvados para ser conformado a
la imagen de Cristo, para traer gloria a Él.
Para traer gloria a Él debemos de ganar a otros para Él.
El propósito: "...desde ahora serás pescador de hombres."
(Lucas 5.10b). No solamente debe ir a la pesca, sino lograr
pescar, lograr convencer a los hombres de su necesidad de
aceptar a Cristo.
La promesa: "Irá andando y llorando el que lleva la preciosa
semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus
gavillas." (Salmo 126.6). "El fruto del justo es árbol de
vida; y el que gana almas es sabio." (Proverbios 11.30;
también Daniel 12.3; Ezequiel 33.8).
La prioridad: "...El Hijo del Hombre vino a buscar y a
salvar lo que se había perdido." (Lucas 19.10). ¡El
propósito y la prioridad de Cristo llegan a ser nuestro
propósito y nuestra prioridad! "Entonces Jesús les dijo otra
vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo
os envío. (Juan 20.21). Al experimentar este propósito y
prioridad el apóstol Pablo exclamó: "Desearía yo mismo ser
anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los
que son mis parientes según la carne." (Romanos 9.3).
Tengamos nosotros, por su amorosa gracia, una pasión para
las almas semejante a la pasión de Pablo.
Ganar a otros para Cristo es la mejor obra que podemos hacer
y esto hace regocijar a los ángeles en el Cielo (Lucas
15.9-10). Además del gozo en el Cielo, habrá gozo en el
corazón de la persona recién convertido, en nuestro corazón
y en la iglesia.
El mandato de Dios y el amor de Cristo nos obliga a
testificar y a ganar almas para nuestro Salvador. Además,
cuántos más cristianos hay, cuántos más se conviertan en Su
imagen, mayor gloria habrá para Cristo. Otros motivos para
anunciar el evangelio incluyen el gozo de compartir las
buenas nuevas, de ver vidas quebrantados sanadas y
convertidas en vida abundante aquí y ahora en esta vida, el
deseo de compartir el Cielo con tantos como sea posible, el
crecimiento y el gozo de testificar y compartir nuestras
bendiciones, la demostración del poder y compasión de Cristo,
y sobre todo ¡el rescate de almas preciosas del Lago de
Fuego! Verdaderamente, si la salvación es lo más importante
que nos ha ocurrido y amamos "a nuestro prójimo como a
nosotros mismos", según el mandato de Dios, entonces el amor
nos lleva a compartir Cristo con ellos para librarles del
pecado y el Infierno. El privilegio y el propósito más
maravilloso concedido a los hombres es el de compartir a
Cristo, de ganar a los perdidos para que glorifiquen a Él
para siempre.
Comienza compartiendo lo que Cristo ha hecho para usted y
testifique de lo que Cristo puede hacer para ellos. Comparte
los versículos bíblicos en que usted basa su salvación y su
seguridad en Cristo. ¡Cuánto más ame a Cristo, aprenda Su
Palabra, y comparta Su mensaje con otros, más eficaz será su
testimonio!
8. Dejar que Jesús viva Su vida por medio de ti.
"Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria
por medio de nuestro Señor Jesucristo." (1 Corintios
15.57).
No podemos vivir la vida cristiana en nuestra propia fuerza.
Cristo dijo claramente: "Sin mí nada podéis hacer." Empero,
podemos vivir en Su poder. Mucha de la tensión de la vida
cristiana desaparece cuando dejemos que Jesús vive Su vida a
través de nosotros, llenándonos y dirigiéndonos por medio
del Espíritu Santo (Efesios 5.18). Así que podemos
considerarnos "... muertos al pecado, pero vivos para Dios
en Cristo Jesús, Señor nuestro." (Romanos 6.11). Y nos insta
a "Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la
carne." (Gálatas 5.16). No tenemos que vivir según nuestras
emociones sino por fe. Andando con nuestra confianza en la
Palabra de Dios, con o sin emociones, encontraremos que Su
Palabra es verdad, Su presencia es real, y las emociones
seguirán como el fruto de la vida cristiana. Ahora que usted
pertenece a Él, comprado por Su sangre, deseará darle
alegremente y de buena voluntad su tiempo, talentos y
tesoros. El amor es el factor principal en la vida cristiana,
no el legalismo. Reglas pueden llevarnos a la esclavitud, a
una obediencia mecánica, por temor o por fuerza, que
resultará en resistencia y el descontentamiento.
Así que, una recién casada podría obedecer una lista de
reglas puestas diariamente a la vista por su esposo. Sin
embargo, el amor, como motivo más alto, le haría a ella
buscar maneras de agradar a su esposo, con o sin reglas.
Cuando ella comprendiera lo que le agradaría, ella lo haría
gustosamente, con tan completa libertad que le traería
felicidad y paz. Es así la relación entre el cristiano y
Cristo. La obediencia no es legalismo. La actitud, el motivo
hacia las reglas determinará si la obediencia sea legalismo
o obediencia por amor. La gracia de Dios hará que amemos y
obedezcamos a Jesús.
Esto es lo que la verdadera gracia de Dios produce, al
experimentar su favor no merecido, y el flujo libre de Su
amor maravilloso para pecadores indignos. "Porque la gracia
de Dios se ha manifestado para salvación a todos los
hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los
deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y
piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la
manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para
redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo
propio, celoso de buenas obras." (Tito 2.11-14).
Amigo, cuando usted conoció a Jesús, usted conoció al Dios
vivo, porque Él es Dios. Se levantó de los muertos
corporalmente. Tiene vida, y es Dios (Juan 20.28; 1 Timoteo
3.16). Ahora, Él es su vida (Colosenses 3.1-4). Él puede
proveer para todas sus necesidades (Filipenses 4.13, 19; 1
Pedro 5.7; Juan 14.1-3, 27).
¡Usted puede vivir en el resplandor de Su vida para siempre
(1 Juan 5.13)! ¡Ame a Jesús, ame a Su pueblo, ame a la
Palabra, y ame a los perdidos por amor a Él! ¡Dios le
bendiga!
Unas últimas palabras, en el amor de Cristo
Muchas personas han encontrado sus vidas gloriosamente
transformadas por Cristo. Él ha provisto para sus
necesidades más profundas, tranquilizado sus temores,
calmado su intranquilidad, quitado su culpa, llevado sus
cargas y les ha dado su paz dulce y duradera. Viven una vida
plena y abundante, gozan de Su amor, disfrutan de la vida
cristiana, y aman a otros cristianos. Jesús es el todo en
todo para ellos. La vida de Él es ahora la vida ellos y
están contentísimos.
Desafortunadamente, muchos otros, aunque dicen las mismas
cosas de Jesús, y dicen conocerlo y amarlo, pasan gran parte
del tiempo revolcándose en derrota y desánimo. Están
intranquilos, incumplidos, trabados por problemas, malos
hábitos, el pecado y la compasión de sí mismos. Apenas
sostienen lo mínimo de la vida cristiana, no traen gloria a
Cristo, no crecen, no maduran, no son fieles al Señor, ni
llevan a otros a Cristo, ni proveen apoyo para su
congregación local.
Algunos, por supuesto, nunca han sido salvos, aunque
hicieron profesión de fe. Sin embargo, muchos otros son como
una persona que va al doctor, consigue una receta médica con
ocho ingredientes, pero tacha uno o varios de los
ingredientes antes de entregarla al farmacéutico para que lo
despache. Luego, viendo que los resultados son menos de los
que deseaba o aun desastrosos, culpa al doctor o al
farmacéutico diciendo que la medicina no surte efecto. Hasta
se puede perder la fe en el médico o decir que es un
farsante. Trágicamente, algunos hacen así en la vida
cristiana. Tenemos que seguir la prescripción del Gran
Médico para disfrutar y madurar con éxito en la vida
cristiana. Amar – el amor es lo más básico – amor a Jesús.
Pero no debemos tomar a lo ligero lo que dice 2 Juan 6: "Y
este es el amor, que andemos según sus mandamientos."
Usted puede encontrar ayuda en los siguientes principios
bíblicos:
1. La victoria es básicamente un regalo, tal como era la
salvación (2 Corintios 15.57).
2. Sepa que usted está muerto al pecado (Romanos 6.11). El
pecado no está muerto, pero usted está vivo para Dios. (Efesios
2.1).
3. Usted debe rendirse a Jesús como uno que tiene vida
después de la muerte. (Romanos 12.1-2).
4. Debe usted creer, aceptar, tomar por cierto, confiar en,
reclamar y vivir de acuerdo con estos hechos por fe no por
emociones.
5. Todo esto es se realiza por su identificación con Cristo
en Su muerte, sepultura y resurrección.
6. Acepte obedecer a Jesús y ser lleno de Su Espíritu Santo,
por fe. (Gálatas 5.16; 2.20).
Tenemos que ejercitar el poder del Espíritu Santo en nuestra
vida por fe. Él provee el poder, nosotros lo recibimos por
fe. Como Charles Ryrie ha dicho, "Dios no deja de obrar
porque yo obro; tampoco Su obra es siempre separada de
nuestra obra."
Tal vez el secreto mayor de la nueva vida sea realmente
creer y reclamar la verdad de Romanos 8.28, mostrando esta
confianza en Cristo constantemente. ¿Cómo? Poniendo en
práctica los siguientes versículos por fe, no por
sentimiento – en cuanto a todas las cosas ‘buenas’ y ‘malas’:
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito
son llamados." (Romanos 8.28)
"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios
para con vosotros en Cristo Jesús." (1 Tesalonicenses 5.18).
Otra verdad tremenda que cambia nuestra vida es que Dios nos
ve perfeccionados para siempre en Jesucristo. Esta es
nuestra posición en Cristo. "...con una sola ofrenda hizo
perfectos para siempre a los santificados." (Hebreos 10.14).
¡Acepte esta verdad, disfrute de ella, y su manera de vivir
reflejará su posición como un hijo verdadero de Dios!
Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4
Traducido por Grace de Polo
Para mandar email en español:
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